Preguntas críticas a cerca de nuestra práctica

Recientemente asistí a un congreso y más que cualquiera de las sesiones a las que asistí, lo que más me gustó, fue conectar cara a cara con educadores fantásticos, con los que sólo me conecto en línea. Es gente verdaderamente maravillosa. A algunos lo había visto una o dos veces, pero a otros los conozco desde hace mucho años, pero nunca habíamos coincidido. Y cuando te conectas con estos amigos digitales por primera vez, es increíble como, primero que nada, ya los conoces, y segundo, como el encuentro es natural y se da como una continuación a tus conversaciones en línea, como si estuvieras visitando a un viejo amigo.

profes que relexionan

En este congreso, me encontré por primera vez con una persona a quien conozco en línea desde hace diez años. Ella me preguntó sobre la forma de enseñanza que estoy implementando y qué era lo que hacía que ésta fuera personalizada. Durante cinco minutos traté de explicarle de la mejora forma posible. Cada respuesta que yo le daba generaba una pregunta aclaradora. Me hubiera encantado grabar la conversación. Este tipo de preguntas críticas son muy poderosas porque nos ayudan a aclarar nuestro propio pensamiento.

Cuando mi amiga se fue, me puse a revisar el póster que usaríamos en nuestra presentación para el día siguiente y me pregunté: ¿estoy compartiendo una sesión sobre aprendizaje personalizado o proveyendo a los estudiantes con una mejor opción?

Resulta que los proyectos que compartí, tienen mucho que ver con el aprendizaje personalizado. Sin embargo, la conversación que sostuve con mi amiga, me hizo dar cuenta de que una buena parte de lo que hacemos, en nuestra escuela, tiene menos que ver con la personalización y más con el darle a los estudiantes elección sobre su día y sus tareas. Esto no es algo malo. Estamos en el camino correcto.

Sin embargo, todavía nos queda mucho camino que recorrer. Una vez dicho esto, creo que este es un proceso en el que tenemos que trabajar. Sé que un tercio de nuestros estudiantes tropezaría si les diéramos más libertad de elección, y quizá un tercio un poco distinto, de nuestros estudiantes tendrían problemas para mejorar su propio aprendizaje. Y nosotros luchamos por encontrar la forma de darle apoyo a aquellos estudiantes que lo necesitan. Hemos mejorado mucho en los últimos cuatro años, y seguimos tratando de hacerlo.

Lo cual me remite a la conversación que tuve con mi amiga. Sus preguntas me hicieron pensar. Me retó para definir las palabras que usamos para describir, lo que hacemos en nuestra escuela. Me hicieron reflexionar. Y me recordó lo importante que es cuestionar críticamente mi práctica, de un modo en el que todos debemos cuestionarnos de forma regular.

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Esto me ha sucedido con otras personas en distintas ocasiones y en cada una de estas ocasiones, dejé la conversación sintiéndome estimulado. Pero nuestro mundo actual confunde la visión de lo que es discurso y argumento, borra la línea que existe entre una conversación educativa y un desacuerdo. Esto me entristece. Yo me desarrollo con los puntos de vista de la gente que piensa diferente y cuestiona mi visión del mundo.

Vivimos en un mundo donde la gente prefiere evitar los lugares difíciles, en lugar de darse cuenta de que toso estamos en un camino de aprendizaje y que las conversaciones complicadas, continuamente nos llevan a mejores lugares. Una vez dicho eso, no hubo nada complicado en la conversación que tuve con mi amiga. Sus preguntas no eran duras, eran revitalizantes. Todos debemos dar la bienvenida a los cuestionamientos sobre nuestra práctica, del mismo modo en que tratamos de motivar a nuestros estudiantes para que hagan los mismo.

 

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