¿Quiénes son los expertos, los padres, los maestros, o ambos?

Una de las mayores objeciones de los educadores por trabajar junto con los padres, se reduce a que sienten que los padres no les tienen confianza como expertos que saben lo que es mejor para sus hijos. Esto, claro está, pone a los padres que se involucran en un lugar muy peculiar. ¿No deberían los maestros, también confiar en los padres como educadores, cuando se trata del bien de sus propios hijos? ¿Alzar la voz dentro de las escuelas los convierte en defensores o adversarios?

En retrospectiva, los años 20

En marzo de 1928, la revista Child Study, publicó un estudio de Carleton Washburne

, superintendente de las escuelas de Winnetka, Illinois. Washburne era conocido por su Plan Winnetka, un plan educativo innovador y progresista. En esta pieza titulada “La escuela pública y los padres de familia, compartió algo que tocaba el punto fundamental de la relación escuela/familia, un campo de batalla en el control por la educación.

“Directores y maestros permanecen alejados, manteniendo a los padres de familia a determinada distancia. Los padres, por el otro lado, pueden ser obstinados, insistiendo en que los educadores implementen sus recomendaciones. Los educadores deben cambiar las expectativas parciales. Las escuelas necesitan tanto la confianza como la crítica de los padres de familia, y no pueden tener ninguna de las dos, si los profesionales no respetan los derechos de los padres a hacer solicitudes y expresar opiniones”

Familia y educación

Desafortunadamente los educadores en aquel tiempo, era una de las fuerzas de trabajo más educadas del país. No podían ver, cómo era que la opinión de un padre con educación inferior a la suya, especialmente en las comunidades migrantes, pudiera contribuir significativamente a la educación de los niños. La única opinión a la que estos padres tenían derecho, en su lucha por mantener algo de control sobre la escolarización de sus hijos, era buscar la escuela adecuada para. El presidente de la Asociación de Educación Progresiva, Stanwood Cobb, instó a los padres a tomar más responsabilidad sobre la calidad de las escuelas de sus hijos:

“La madre moderna está claramente interesada en la educación de sus hijos, y no está dispuesta a delegar un asunto tan importante a otros. Debe familiarizarse con los métodos más recientes de educación; debe estudiar la escuela de su hijo, analizando las fortalezas y debilidades de la misma. Tiene que convertirse en alguien calificado para elegir la escuela correcta para sus hijos”.

Cien años despúes

La era post digital, una revolución tecnológica que cambia drásticamente los fundamentos de nuestras vidas, trabajos, relaciones personales y profesionales, también le da nueva forma al aprendizaje y a la educación. De acuerdo con Tom Vander Ark jefe ejecutivo de Getting Smart, la proyección basada en investigaciones a cerca de tecnología y educación, dice que en veinte años, los padres de familia se convertirán en directores de los perfiles de aprendizaje de sus hijos. Estos perfiles serán compartidos parcial o enteramente con numerosos proveedores de aprendizaje, de los cuales, las escuelas serán uno de muchos. Esto significa que los padres estarán tomando decisiones con respecto a la educación de sus hijos con la guía y ayuda de las escuelas.

Los padres de familia, están mucho mejor educados ahora que hace cien años – en muchos casos tienen títulos universitarios comparables o más avanzados que los de los profesores de sus hijos. La mayoría de las escuelas sigue conserva una mentalidad de superioridad en el saber qué es mejor para el desarrollo de aprendizaje de cada niño y como lograrlo.

 

El 5 de Febrero del 2016, tan sólo una semana después de perder a su hijo de seis años por una gripa, la maestra ganadora del título de Mejor Maestra del Año en Michigan, Melody Arbo, escribió una carta abierta, compartiendo una historia perturbadora, a cerca del tratamiento que recibieron sus gemelos de seis años por parte de la escuela de su distrito, donde además, ella trabajaba.

Sus hijos fueron transferidos de su escuela, a una escuela elemental, donde fueron puestos en un aula segregada e independiente por considerar que tenían una habilidad cognitiva menor, sin tomar encuenta evidencia que mostraba que los chicos se desarrollaban exitosamente en sus clases normales.

Su mayor reto era apraxia lingüística, que les impedía comunicarse al nivel de los otros niños de su edad. Como el distrito usaba valoraciones que requerían que los alumnos manejaran el leguaje típico, etiquetaron a los chicos como cognitivamente disminuidos. La familia Arbo le pidió a los administradores del distrito que confirmaran los resultados con los maestros de los niños, pero sorprendentemente, los administradores ignoraron esta solicitud.

padres e hijos en educación

“Nosotros repetamos la cadena de mando que como correspondía y agotamos todas las vías posibles para poder resolver este asunto de forma privada y amigable. Nuestra preocupación ha sido reducida a una diferencia entre creencias filosóficas y nuestra necesidad de hacer un escándalo, porque no estábamos obteniendo lo que queríamos. Pero esto se trata de mucho más que eso. Se trata del maltrato a familias que de por sí ya están luchando con los retos que tienen sus hijos. Comparto mi historia, porque sé que hay muchos otros en el estado y en toda nación, que han sentido que no tienen ni voz ni poder en su intento por defender a sus hijos con discapacidad”.

¿Quién es el experto?

La percepción de Arbo a cerca del problema entre padres de familia y escuelas, sin importar si el estudiante tiene discapacidades o no, es casi idéntico al que han expresado algunos educadores progresivos en los años 20. Mi escuela sigue siendo incapaz de trabajar con los padres de familia, porque no creen que los padres sepan lo que es mejor para los estudiantes, así que crean sistemas para protegerse de las opiniones y solicitudes de los padres. Sin embargo, al toparse con una pared, crece en los padres una desconfianza en las habilidades de los educadores. Una vez más, su única opción real, es elegir la escuela correcta para sus hijos.

Hay una diferencia ente ser un experto y en siempre tener la razón. El ser experto en cualquier cosa no sucede repentinamente y no es absoluto. Es un resultado de intentos, errores; aprender de los fallos y es relativo a cada individuo. Mientras que las escuelas aclaman ser expertos en educación, los padres saben lo que le funciona a sus hijos.

Uniendo fuerzas

Los padres necesitan aportar más retroalimentación, mientras que los profesores necesitan estar más abiertos a ver a los padres de familia como colegas en la educación de sus hijos. Es un proceso de ida y venida.

Los maestros tienen que aclarar a los padres que esperan (no sólo que son bienvenidas) sus aportaciones a cerca del proceso de aprendizaje, prácticas de enseñanza y evaluaciones que impactan a los niños. Como los padres frecuentemente no están acostumbrados a hacer este tipo de contribución, los maestros pueden romper el hielo, pidiendo a los padres que escriban qué es lo que hacen, cuando algo está equivocado en el aprendizaje de sus hijos. Pueden entonces, pedirles que hagan un compromiso para que contribuyan con sus sugerencias.

También es necesario solicitar regularmente las sugerencias de los padres, a lo largo de todo el año. Usualmente funciona mejor, si estas sugerencias tienen que ver con algo específico –alguna práctica en particular. Un simple correo electrónico compartiendo lo que funciona para el niño y lo que no, puede abrir la puerta a un diálogo productivo entre padres y educadores.

Las nuevas tecnologías abren muchos caminos que facilitan la conexión y el flujo de información entre escuelas y familias.

 

 

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